En los años ´80 y los ´90, cuando vivía en Maquinchao, busqué referencias que me ayudaran a entender la historia del lugar. Las publicaciones a las que tenía acceso en la biblioteca local traían información escasísima, que poco ampliaban las anotaciones que había dejado el director de la escuela, Merlo Rojas, en los años treinta. Años más tarde inicié un recorrido por otras bibliotecas, universidades y archivos y encontré, no sin sorpresa, que existía una cantidad de documentos, relatos de exploradores y artículos periodísticos que hablaban del lugar.

Para ser una localidad aislada en una de las zonas más inhóspitas de la Patagonia, Maquinchao tiene una rica representación en la literatura. Aquí presentamos una selección de los textos hallados : relatos de viajeros, documentos y producciones locales, escritos en tres siglos. Algunos se publican por primera vez en castellano. La intención fue hacerlos accesibles, que sirvan para valorizar la rica historia local, comprender cuántas esperanzas y sufrimientos encierra, y ubicarse en su devenir, que no ha concluido.

1936: Discusión sobre Maquinchao


Segundo Fernández, en Nativa

Segundo Fernández, maestro, luego inspector de escuelas en los territorios patagónicos, se ocupó de estudiar las lenguas indígenas. En 1936-37 protagonizó con Lehman-Nitsche una polémica sobre el verdadero significado de Maquinchao. Aunque Claraz ya había recogido, en 1865, el origen gununa-iájech de la palabra, posteriores interpretaciones aportadas por habitantes de la región y derivadas del mapudungun habían confundido a los estudiosos y viajeros. Fernández, en una conversación con Jesualdo, maestro y escritor uruguayo, publicada en la revista Nativa nº 134 de 1936, aclara aquí lo que hoy es aceptado por los investigadores. En notas posteriores, Lehmann-Nitsche coincidía con su interpretación.


…que los visitantes apurados, aunque “ilustres” cometan esos errores de apresuramiento siempre posibles y numerosos, es un poquito menos perdonable. Pero inexplicable cuando ello sucede a toda una autoridad en la materia como lo es indudablemente el Dr. Pablo Groeber (perteneciente a la G.A.E.A. Sociedad General de Estudios Geográficos) y autor de la valiosa obra “Toponimia Araucana”. Veamos el estudio de una voz: “Maquinchao, véase Mari-kiñe-chao: paraje y estación del Ferrocarril de San Antonio al Nahuel Huapi. He sido informado por el indígena Millián que frecuenta aquella región que el nombre verdadero no era maquinchao sino mari-kiñe-chao, lo que significa once padres, mari diez, mari-kiñé once, chao padre, voces del araucano.”

Esa su primera versión puede ser tan valedera como esta otra, en lo que respecta a la primera denominación: Maquinchao, según un indio consultado, es un animalito de agua más chico que el sapo, pacargua; pero no la rana, llengui. En Chile vive en los menucos (pozos de agua de denominación generalizada en la Patagonia) y lo come la gente de allá que le llama coihuilla. Y en cuanto a la segunda versión tal vez fuera tan valedera la de mari-chao, diez padres, pues según otro indio versado cuando un niño adulterino tiene más de un padre se le dice quiñé-ñuqué-mari-chao o simplemente mari-chao, tanto que hasta tiene frase hecha para cuando retan a un niño desobediente al decirle: werdá-marichao, werdá, malo, ordinario, de origen dudoso…

Desde luego que estas versiones –como ninguna primera impresión- satisfacen mi conocimiento, sigo estudiando la voz. Aparece esta otra probabilidad, entonces. Maquinchao puede provenir de la corrupción del vocablo maquin-trehuá, me adoctora otro indio y que explica gráficamente que quiere decir que “tiene el pálpito que viene un perro” y en este caso maquin-chao “el pálpito que viene el padre”, mejor dicho el presentimiento. A este indio le explico la versión de mari-kiñé-chao del Dr. Groeber. El indio se sonrió, bajo la cabeza y entreví la picardía del término que corresponde sin duda alguna al nuestro castizo, tan comúnmente usado por Cervantes, de “hijo de p…”. Y siguiendo en este tren de corrupción aun puedo significarle que puede ser maquin-chewá , muchos perritos chicos, como asegura otro de mis diccionarios…

- ¿Y finalmente? Le digo por sacarlo del despliegue de voces y poder concretar algo para mi nota…

- Aseguro que no es voz araucana, ni tehuelche, sino pampa o guenayahech y el lugar correctamente denominado es Maguinchao y quiere decir invernada, lugar donde se invernan animales. Y es evidente que la región geográficamente responde a ese concepto toponímico, pues es un cañadón pastoso a donde bajaban los indios a invernar…

Y el inspector Fernández asegura con satisfacción todas las contrariedades y el tiempo que hubo que cumplir para llegar a la concreción final que él asegura indiscutible.

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